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Common Infection Now Known to Affect Men Too: What Doctors Are Discovering

Common Infection Now Known to Affect Men Too: What Doctors Are Discovering

2026-01-09 01:31:00

Rara vez un solo estudio cambia el curso de la historia ginecológica. Pero un ensayo clínico publicado en la prestigiosa revista revisada por pares The New England Journal of Medicine logró precisamente eso, al parecer terminando con uno de los grandes enigmas de la salud femenina.

La vaginosis bacteriana, o VB, es la infección vaginal más común en todo el mundo. Quien tiene vagina, tiene una probabilidad entre tres de contraer VB en algún momento de la vida.

Durante años la medicina ha sabido que las bacterias asociadas con esta afección también podían encontrarse en el pene. En teoría, sin embargo, la VB era solo un problema vaginal; su nombre lo indica: vaginosis. Durante 50 años, la ginecología la trató como si fuese un problema exclusivo de mujeres, con tratamientos ineficaces que dejaban a las afectadas vulnerables a una reinfección.

El estudio de The New England Journal cambió las cosas. El equipo de investigación hizo el seguimiento de 150 parejas heterosexuales en las que la mujer tenía vaginosis bacteriana. A las mujeres las trató con antibióticos de primera línea y a la mitad de los hombres con antibióticos orales y de aplicación externa. En tres meses descubrieron que el tratamiento para la pareja masculina había funcionado tan bien que tuvieron que desmontar el estudio a fin de que todos los participantes pudieran recibir tratamiento.

Conclusión extraída: la vaginosis bacteriana puede transmitirse por vía sexual y debería tratársela como infección de transmisión sexual.

Gran cantidad de especialistas que se ocupan de esta afección con regularidad consideró los resultados del estudio como una reivindicación. “Es algo muy obvio”, expresó la doctora Sarah Cigna, ginecóloga que dirige una clínica de salud sexual en la Universidad George Washington de la capital de EE.UU.. “No es ciencia espacial.”

Mujeres automedicación auto test tema es “candidiasis” y “vaginosis bacteriana”. Foto Shutterstock

El estudio se difundió, digamos, como una infección de transmisión sexual (ITS). En octubre el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos recomendó a sus más de 60.000 integrantes que comenzaran a ofrecer tratamiento a las parejas masculinas de pacientes con vaginosis bacteriana persistente. En noviembre, California se convirtió en el primer estado en recomendar que toda la comunidad de profesionales de la salud tratara a las parejas masculinas. Y este mes, la ciudad de Nueva York anunció que todas sus clínicas de salud sexual ahora atenderán también a las parejas masculinas.

“Esto cambiará la práctica profundamente”, afirmó la doctora Ina Park, investigadora de salud sexual en la Universidad de California, San Francisco, y consultora médica de la división de prevención de ITS de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Una frontera en constante cambio

Desde la publicación del artículo, una cantidad de especialistas ha empezado a referirse a la vaginosis bacteriana como infección de transmisión sexual al hablar con sus pacientes. Otros, como la doctora Cigna, se muestran más reticentes, en parte porque creen que el estigma de una ITS todavía supera al de un problema vaginal.

El hecho de que haya debate muestra que la definición de ITS sigue aún en cambio constante, observó el doctor Jeffrey Klausner, profesor de medicina y salud pública de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California.

El virus del papiloma humano (VPH, las verrugas genitales), conocido como una ITS en la década de 1980 (en rigor una ETS, por entonces: no una infección sino una enfermedad de trasmisión sexual) se puede transmitir por contacto físico o por besos íntimos; a menudo el virus se encuentra presente bajo las uñas de adolescentes. El VIH y el herpes pueden transmitirse por compartir agujas, por trasplantes de órganos, por transfusiones de sangre o a través de la placenta durante el embarazo, sin necesidad de contacto sexual.

También se verifica lo contrario. Virus que no suelen considerarse de transmisión sexual, como el ébola o el zika, pueden vivir en el semen durante días. La mononucleosis, conocida como “enfermedad del beso”, puede transmitirse por vía sexual. El llamado herpes oral suele encontrarse en los genitales.

En 2022 el doctor Klausner intervino en la formulación de una “nueva” ITS: mpox (antes monkeypox en inglés, y aún hoy viruela símica en español), que, según él, debería reclasificarse tras un brote mundial vinculado a hombres que practican sexo con hombres.

La decisión fue tanto estratégica como científica. El objetivo era “conseguir que los líderes de opinión coincidieran en que sí, en efecto, se trata principalmente de una infección de transmisión sexual y que debe abordarse con nuestros métodos probados y comprobados para controlar las ITS”, indicó Klausner.

En teoría, etiquetar la vaginosis bacteriana como una ITS también podría impulsar iniciativas más consistentes de salud pública en materia de educación y control, según observó el profesor. Pero este re-etiquetado implica tanto ventajas como

Si la categoría de ITS fuese un país asolado por conflictos, la vaginosis bacteriana sería un pueblo ubicado en una de sus fronteras en constante variación. La condición cambia de manos según la época y la situación, lo cual revela que esas fronteras han sido en gran medida artificiales, para empezar, y hace que diferentes especialistas pongan en duda los límites de este concepto médico.

¿ITS o no?

La vaginosis bacteriana cuestiona de varias maneras la definición convencional de ITS. En primer lugar, no es causada por un solo agente infeccioso, como la clamidiasis o la gonorrea. En lugar de eso, consiste más bien en un cambio en el ecosistema del microbioma vaginal, la abundante comunidad de bacterias que rondan los genitales.

“Es una mezcla de cosas”, precisa la doctora Caroline Mitchell, ginecóloga y directora del programa de trastornos vulvovaginales del Hospital General de Massachusetts. “No se trata de algo solo, sino de un patrón.”

En segundo lugar, la VB puede transmitirse por vía sexual pero hay discrepancia sobre si siempre comienza de esa manera. Incluso la doctora Catriona Bradshaw, autora principal del estudio y médica del Centro de Salud Sexual de Melbourne en la universidad australiana Monash, prefiere ser cautelosa: “Es mejor pensar que la VB se transmite por vía sexual”, advierte.

Se sabe que una vez que se ha tenido vaginosis bacteriana, cualquier cambio en el pH de la vagina puede permitir que proliferen las bacterias, señala la doctora Lonna Gordon, especialista en medicina adolescente del hospital pediátrico Nemours Children’s Health del estado de Florida.

Al reunir todas estas excepciones, la vaginosis bacteriana obliga a examinar una pregunta de larga data: ¿Sigue siendo útil clínicamente el término ITS?

“Quizás sea necesario cambiar la conversación entera”, plantea la doctora Supriya Mehta, epidemióloga de la Universidad de Illinois, Chicago, que estudia las ITS y el microbioma genital. “Por ejemplo, ¿a quién le importa una ITS? No es más que un resfrío que se presenta en la vagina o el pene, ¿verdad?”

Independientemente de cómo denomine la medicina a la vaginosis bacteriana, el hecho de no reconocer que se propaga por vía sexual ha significado que sus especialistas carecieran de un método crucial para erradicar una afección increíblemente extendida, con profundas consecuencias para sus pacientes.

“Todo lo concerniente a la vagina queda relegado, siempre”, sentencia la doctora Cigna.

No es ciencia espacial

Durante años, Sarah Cigna luchó contra la vaginosis bacteriana con las manos atadas. Cualquier especialista que tratase la afección regularmente veía que sus propios pacientes se reinfectaban, ya fuera por una nueva pareja o por la misma.

Pero sin directivas clínicas, Cigna podía tratar a una paciente con vaginosis bacteriana solo con antibióticos o, como último recurso, con un medicamento que destruye el microbioma conocido como ácido bórico. Estos métodos casi nunca funcionaban a largo plazo. En más de la mitad de los casos, la vaginosis bacteriana reaparece dentro de los seis meses posteriores al tratamiento.

El problema es grave. Además de causar irritación, flujo y un olor desagradable, esta afección puede empeorar los resultados del embarazo y facilitar el contagio de VIH, herpes u otras ITS, problemática que afecta desproporcionadamente a las mujeres afrodescendientes y a otras mujeres no blancas.

La “cura” a menudo agrava el problema. Es frecuente recetar numerosos ciclos de antibióticos, lo que puede provocar resistencia a los mismos.

“Es tan malo lo que hacemos actualmente para la vaginosis bacteriana que la gente adopta lo que venga”, opinó el doctor Mitchell del Hospital General de Massachusetts. “Todos ansiamos desesperadamente algo más.”

Pensar en la vaginosis bacteriana como una ITS es liberador para no pocas personas. Uno de los pacientes de la doctora Cigna, un hombre transgénero de 29 años que luchó contra la vaginosis bacteriana crónica durante casi una década, llevó el estudio a su cita en abril luego de encontrarlo en redes sociales.

El hombre, que pidió no ser identificado para evitar discriminación por parte de futuros empleadores, contó que siempre lo había irritado la insistencia de sus médicos en que la vaginosis bacteriana era un problema vaginal, “teniendo en cuenta que yo la adquirí casi exclusivamente por vía sexual. Es solo que, bueno, me hacía sentir medio culposo.”

Pero si la vaginosis bacteriana se transmitía sexualmente, significaba que su pareja podía ser parte de la solución. Él y la doctora Cigna acudieron a la cita con la misma idea: quizás el tratamiento para la pareja podría ser la solución.

No es un problema “tuyo”, es un problema “nuestro”

Como la mayoría de los avances en ginecología moderna, el descubrimiento de la vaginosis bacteriana se remonta a un médico que experimentó con pacientes a quienes trataba, sin su consentimiento. El doctor Herman Gardner sospechaba que la vaginosis bacteriana debía ser resultado de la transferencia recíproca de algún patógeno.

Con la intención de verificarlo, en 1955 Gardner realizó un experimento horrible. Transfirió fluido vaginal de 15 mujeres con vaginosis bacteriana a las vaginas de mujeres sanas, y dejó que las recién infectadas transmitieran la vaginosis bacteriana a sus desprevenidos esposos.

Después de cultivar bacterias de algunos de los maridos, el doctor Gardner declaró que la vaginosis bacteriana era “la más extendida y una de las más contagiosas” de todas las ITS. Debido a sus esfuerzos, el apellido de Gardner quedó grabado para siempre en la especie de bacterias más asociada con la vaginosis bacteriana: la Gardnerella vaginalis.

En las décadas posteriores, varios estudios intentaron reproducir los hallazgos de Gardner empleando prácticas más éticas. Fracasaron todos, dejando en el ámbito de la medicina la impresión de que la vaginosis bacteriana no era en realidad una infección de transmisión sexual.

Hubo indicios de que esos estudios estaban viciados. Los investigadores sabían que la recurrencia era mucho mayor en mujeres con pareja sexual regular o que no usaban preservativos. También sabían que los microbiomas vaginales de mujeres con parejas sexuales femeninas se parecían entre sí bajo el microscopio; si una tenía vaginosis bacteriana, probablemente la otra también.

“Entonces, ¿por qué no iba a transmitirse entre penes y vaginas?”, pregunta la doctora Bradshaw.

Ella atribuye el fracaso de los estudios anteriores a escasa financiación, a un diseño deficiente de las investigaciones y a la dificultad de lograr que los hombres se comprometieran en estudios que no los beneficiaran personalmente.

En mayo la doctora Bradshaw fue incluida en la lista de las 100 personas más influyentes en el ámbito de la salud según la revista Time por “replantear un ‘problema de mujeres'” como un problema de salud pública. La vaginosis bacteriana no era ya un “problema vaginal” vergonzante y secreto. Ahora era un problema compartido entre quienes forman una pareja sexual. No un problema “tuyo”, sino “nuestro”.

Los médicos no tienen que llamar ITS a la vaginosis bacteriana en beneficio de sus pacientes. Podrían describirla con un término más neutral, como infección pélvica o infección del tracto reproductivo, manifestó la doctora Cigna. Esto también abarcaría las infecciones del tracto urinario, el trastorno inflamatorio pélvico y las infecciones por hongos, sin vincular estas afecciones únicamente con el sexo.

La doctora Gordon describe la vaginosis bacteriana como “una bacteria que se origina naturalmente en la vagina y simplemente se te va de las manos. Yo lo consideraría más como que fertilizaste de más tu jardín”.

“Me gusta eso”, admitió Sarah Cigna a propósito del enfoque de la doctora Gordon. “Quizá se lo robe.”

Rachel E. Gross es autora del libro Vagina Obscura: An Anatomical Voyage (Vagina obscura: un viaje anatómico).

En la edición impresa de Nueva York del 30 de diciembre de 2025 apareció una versión de este artículo con el titular “No es sólo un problema de mujeres”.

Traducción: Román García Azcárate

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