2026-01-16 18:30:00
Para tener fuerza física, debemos desarrollar nuestra musculatura. Para tener una buena salud digestiva, debemos cuidar nuestro estómago. Y para ser felices, tenemos que entrenar y cuidar de nuestro cerebro. Esa es la gran conclusión a la que llega la neurocientífica Ana Ibáñez en la entrevista que concede en el pódcast ‘Tengo un plan’.
Si nuestro cerebro es la herramienta que nos permite gestionar nuestras emociones, lidiar con las dificultades y, en definitiva, ser felices, entrenarlo es el único camino hacia la auténtica vida plena. Y es por eso por lo que estos cinco hábitos que la experta recomienda, y que mejoran considerablemente la salud mental, puede cambiarte por completo la vida.
El descanso adecuado
Sin ánimo de sonar repetitiva, Ana Ibáñez se une a las voces de muchos expertos para recordarnos que “cerebro y energía van totalmente relacionados”. De hecho, afirma la experta, “si mantienes una buena energía cerebral, estarás más conectado a tu córtex prefrontal, y él se va a encargar de trabajar a tu favor y hacer que no solo vivas mejor, sino que además seas mejor persona”. Para conseguir esto, por supuesto, debemos cuidar de nuestro descanso.
Nuestro cerebro necesita tener un descanso adecuado para recuperar la energía.
Y esto, explica Ibáñez, no pasa solo por cuidar nuestra rutina de sueño, que es importante, sino que además debemos pautar momentos de descanso durante el día que nos ayuden a no agotar nuestra energía.
Para hacerlo, la neurocientífica recomienda un truco muy sencillo. “Si no estás durmiendo bien, durante el día búscate momentos para acostarte en el suelo, con las piernas en alto contra una pared. Ese movimiento genera muchas frecuencias alfa”, asegura. Estas frecuencias ayudan a nuestro cerebro a descansar y a recuperar energía. “Si además escuchas una buena música, mejor que mejor. Ahí estás descansando, y te aseguro que te va a dar mejores pensamientos”.
Prioriza tu dieta
Con las prisas, a menudo caemos en la trampa de consumir alimentos que no son ideales para nuestro sistema digestivo. Y no solo porque nos puedan hacer engordar o sean malo para la salud, sino que literalmente dificultan nuestra digestión. Lo que no sabemos es que cuando nos exponemos a estos alimentos, que indiscutiblemente producen picos de insulina e inestabilidad en la digestión, estamos obligando a nuestro cerebro a hacer un sobreesfuerzo.
Es por eso por lo que Ibáñez recomienda apostar por una dieta que nos haga sentir bien, que nos permita sentirnos a gusto. Ella no es nutricionista, aclara, pero trabaja codo con codo con expertos en la materia, y ello la lleva a inclinarse por “dietas proteicas con su buena dosis de verduras y frutas” como punto clave de una buena alimentación.
Muévete cada día
“Nuestro cerebro para estar saludable necesita hacer aquello para lo que estamos programados”, afirma la experta. Esto es, mantenernos en movimiento. Y es que aunque vivamos en el siglo XXI y podamos conseguir nuestro sustento sentados frente a un ordenador, nuestro cerebro está diseñado para largas jornadas de movimiento, desplazamiento y esfuerzo físico.
El cerebro humano está diseñado para el movimiento, por lo que el sedentarismo envía señales de alarma y estanca la tensión emocional.
“Todavía tenemos esa programación de hace mucho tiempo donde el ser humano podía soltar su tensión en el movimiento”, explica Ibáñez. Ahora esa tensión es mental, y no nos permite relajarnos porque no nos movemos.
Para la experta, cualquier tipo de deporte es fenomenal. No hace falta que sea estructurado, basta con hacer algo que te guste, como bailar o caminar. Aunque recuerda que el ejercicio que mejor resultados da para cuidar del cerebro es el entrenamiento de fuerza, sin dejar de lado el aeróbico.
Dale propósito a tu vida
Pasando a un aspecto más emocional, Ibáñez nos recuerda la importancia de darle un propósito a la vida. “Hay que darle un propósito, ver la vida por encima del día a día”, afirma. Aunque más que un solo propósito vital, la experta recomienda conectar con el propósito de cada etapa que vivimos.
“Nuestra vida es un libro en el que vas leyendo diferentes capítulos”, expresa la neurocientífica. Con esta analogía podemos analizar las etapas más complicadas de nuestra vida con perspectiva, darnos cuenta de que todo empieza y acaba, y de los beneficios que tendrá nuestro esfuerzo a largo plazo.
Para Ibáñez, un claro ejemplo de ello es la crianza. Durante los primeros años de la vida de nuestros hijos, vivimos un ritmo frenético y muy exigente, que puede repercutir en la felicidad. Pero si nos damos cuenta de que se trata tan solo de un capítulo de nuestra vida que llegará a su fin, podemos verlo con perspectiva. Y aún más, disfrutarlo sabiendo que acabará, y recordando que el esfuerzo del presente tendrá sus frutos en el futuro. Ese es el propósito de esa etapa quizá complicada.
Cultiva buenas relaciones
Para acabar, Ibáñez nos recomienda cultivar relaciones positivas en nuestra vida. Y no porque haya personas tóxicas, como afirman otros expertos, sino porque las relaciones se configuran, según la experta, usando nuestra energía.
“La relación que tenemos con otros nos impacta totalmente”, asegura la experta. “Somos seres electromagnéticos, desprendemos electromagnetismo. Cuando nos hacemos un electroencefalograma, lo que leemos son ondas electromagnéticas que impactan en otros”, continua.
Somos seres electromagnéticos, y necesitamos rodearnos de personas que vibren en nuestra misma frecuencia.
Esto hace que, por ejemplo, haya personas a las que no conocemos de nada, con las que nos sentimos especialmente cómodos. De alguna manera, la ciencia aún no consigue explicarlo con claridad, sintonizamos. “Son personas que están en una vibración parecida a la tuya, que no te invaden, sino que suman, y te van bien”, explica Ibáñez. Por el contrario, hay personas a las que queremos mucho, que puede que formen incluso parte de nuestra familia, pero que nos agotan y limitan nuestra energía.
En buena medida, el hábito que nos recomienda Ibáñez es reconocer esas señales que nos envía nuestro cuerpo, para rodearnos de aquellas personas que nos suman y limitar nuestra relación con la que nos restan. Y no porque sean malas personas o sean “tóxicas”, sino porque “nos intoxican”. Esa es razón suficiente para protegernos y priorizar otras relaciones.
También hay que respetar los tiempos en soledad y reconfortantes.
Y es que, al fin y al cabo, el cerebro es un órgano esencial en nuestro cuerpo, que se encarga de mantener nuestra salud mental, nuestra felicidad y nuestras capacidades cognitivas en pleno rendimiento. Si lo cuidamos y lo alimentamos (literal y figuradamente) de forma correcta, nos llevará a lo más alto. Pero si nos olvidamos de sus necesidades, pagaremos las consecuencias.