2026-01-10 05:10:00
El casi irrespirable ambiente de inestabilidad nacional que se respira puede ser propicio para la inclinación hacia películas que se alejen de cualquier consideración vinculada a los temas que se repiten una y otra vez en las noticias; pero lo curioso es que, esta semana, la cartelera local nos ofrece no solo una producción evidentemente intrascendente que se enfoca en la diversión, sino también dos obras internacionales de gran nivel que nos pueden llevar a reflexionar sobre circunstancias del pasado sin las que no se puede entender el presente.
PRIMATE
Director: Johannes Roberts
Reparto: Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Troy Kotsur
Género: Terror
Si quieres alejarte del terror real y sumergirte en una historia de terror ficticio que termina resultando aliviadora en medio de la coyuntura actual a pesar de ser extremadamente violenta, tu mejor elección de esta semana es “Primate”, una película sobre un chimpancé asesino que es poco más que eso, pero que brinda lo que promete de manera particularmente eficiente.
Aunque no han sido objeto frecuente de relatos pertenecientes al género del miedo (la saga de “Planet of the Apes” va por el lado de la ciencia ficción, más allá de tener momentos atemorizantes), los simios homicidas han alcanzado las pantallas en más de una ocasión, como fue el caso de la emblemática “Monkey Shines” (1988), de la celebrada “Nope” (2022) y, en cierta medida, de “The Monkey” (2025) -aunque, en este caso, se tratara de un juguete-.
En todo caso, en “Primate”, el ‘amigo’ en cuestión es Ben, un chimpancé adoptado por una familia anglosajona de Hawai que, luego de contraer rabia, deja completamente de lado el carácter tierno que había tenido hasta el momento para convertirse en una suerte de monstruo incontrolable. Como lo dijimos ya, la cinta no intenta meterse en otros terrenos, establecer metáforas ni, mucho menos, realizar comentarios sociales, fuera de sus tímidos intentos para desarrollar mínimamente las relaciones que existen en el seno de la familia estelar.
Otra escena de la película de estreno.
(Gareth Gatrell/Paramount Pictures)
Lo que tampoco hace es caer en sutileza alguna, porque, una vez que Ben se encuentra desatado, la violencia y el ‘gore’ se imponen, alcanzando niveles de exceso que suenan consecuentes con una propuesta de esta clase y que provocarán sin duda muestras de entusiasmo en la platea.
Si no mencionamos hasta ahora al reparto es porque, francamente, la mayor parte de este cumple una función meramente decorativa. Pero sería injusto dejar de reconocer lo que brinda Troy Kotsur (“CODA”) en un papel decente que aprovecha su sordera real con interesantes fines dramáticos; lo divertido que resulta Charlie Mann (“The Watchers”) en la piel de Drew, un personaje secundario (el de un joven fiestero que llega a la casa de la familia de Ben en busca de sexo) que se vuelve de algún modo inolvidable; y lo que logra el especialista en movimiento Miguel Torres Umba (de origen colombiano) al enfundarse en el traje de un ‘villano’ que fue desarrollado con efectos prácticos.
Pese a que tenía ya una amplia experiencia como director de películas de terror, la labor de Johannes Roberts (“The Strangers: Prey at Night”) había sido mayormente recibida con desgano por los críticos; afortunadamente, con “Primate”, que él mismo escribió, el cineasta británico demuestra claramente que, bajo las condiciones adecuadas, es completamente capaz de ofrecer un producto de entretenimiento de solidez incuestionable cuya falta de pretensiones, incluso en lo que respecta a la puesta en escena, resulta hasta cierto punto refrescante.
MAGELLAN
Director: Lav Diaz
Reparto: Gael García Bernal, Ângela Azevedo, Amado Arjay Babon
Género: Drama histórico
En lo que a mí respecta, el acercamiento a la figura histórica del hombre que yo conocía como Fernando de Magallanes (pero que se llamaba realmente Fernão de Magalhães) se limitaba a lo que me habían enseñado en la escuela, donde se me había dicho básicamente que fue un gran explorador.
Sin embargo, hace poco, al enterarme de que se había hecho una película en su nombre, vino a mi mente la idea de que ningún individuo de esa época (vinculada a la compleja etapa de la Conquista) podría haber sido un viajero inocente, y eso es justamente lo que se muestra en “Magellan”, un largometraje que, además de estar impecablemente realizado, cuenta no solo con la garantía de calidad relacionada a la reputación de su director y guionista Lav Diaz (“The Woman Who Left”), sino que se encuentra protagonizado por Gael García Bernal, un actor mexicano evidentemente talentoso y decididamente popular en nuestros círculos.
Para quienes no lo conozcan, Diaz es mayormente señalado por ser un maestro del ‘cine lento’ que, además de manejar esta clase de ritmos, hace películas larguísimas; hasta el momento, la más extensa de ellas había durado cerca de 11 horas. En ese sentido, “Magellan”, el film de 2 horas y 43 minutos que se estrena hoy en el Landmark Nuart Theatre, es uno de sus trabajos más accesibles, aunque, obviamente, se encuentra todavía totalmente alejado de los límites de aceptación de las audiencias generales, lo que tiene que haber sido decisivo en su falta de consideración final por parte de los votantes de los Globos de Oro y el Oscar.
Gael García Bernal en una escena de “Magellan”.
(Janus Films)
Pero tanto los cinéfilos de verdad como los admiradores de García Bernal deben saber que se trata de una obra absolutamente sobresaliente, brillante filmada y eminentemente contemplativa en la que la ausencia completa de banda sonora sirve para resaltar el naturalismo de las situaciones y darle rienda suelta a la capacidad expresiva del mismo actor cuando esto se hace necesario.
Sucede que, en muchos momentos, el personaje que se le encomendó, y que lo obligó a aprender a hablar el portugués, es presentado como una suerte de mercenario de la corona española cuya obsesión por evangelizar a los indígenas y expandir el dominio europeo va de la mano con una crueldad supuestamente cristiana que no perdona ni siquiera a los miembros de su tripulación, afectados ya por una travesía despiadada que los había dejado casi sin alimentos y a la merced de diversas enfermedades. Pero, dentro todo, el tipo tiene su corazoncito, sobre todo en lo que respecta a Beatriz (Ângela Azevedo), la encantadora esposa a la que ha dejado en tierra firme.
Como es ya habitual en él, Diaz filma todo con planos largos y pocos movimientos de cámara, y esta falta intencional de excesos visuales se plasma también en la representación indirecta de los numerosos actos de violencia perpetrados por los colonizadores, con una cámara que evita lo gráfico para dejar que el espectador complete el espeluznante cuadro.
ALL THAT’S LEFT OF YOU
Directora: Cherien Dabis
Reparto: Saleh Bakri, Mohammad Bakri, Cherien Dabis
Género: Drama social
El conflicto entre Israel y Palestina ha venido ocupando titulares en los últimos años no solo por los actos inauditos de agresión que han sido cometidos desde ambos bandos, sino también por el firme involucramiento de Estados Unidos en la defensa del primero y por las secuelas que esto ha traído.
En ese sentido, “All That’s Left of You”, que se estrena hoy en el Laemmle Royal y que ha logrado insertarse en la ‘lista corta’ de la categoría de Mejor Película Internacional del Oscar como representante de Jordania (aunque contó también con la participación de Alemania y Palestina), es un trabajo que resulta no solo profundamente actual, sino que puede ser incluso considerado como urgente, en el sentido de que, en medio de la sencillez y de las limitaciones de su discurso, se las arregla para ofrecer una mirada comprensiva sobre las actitudes de la comunidad que ha sido más afectada por el problema.
Para hacerlo, no se instala en un punto único de la Historia, sino que recorre cuatro décadas y apela a tres generaciones de una misma familia palestina ficticia con la finalidad de reconstruir el impacto descomunal y negativo que este grupo ha sufrido desde la creación e imposición del estado de Israel, plasmado en hechos de desplazamiento, segregación, humillación y, finalmente, muerte.
La visión que se practica, claramente contraria a la doctrina contemporánea del sionismo, no complacerá
de modo alguno a los seguidores incondicionales de Netanyahu, por supuesto; y en realidad, llega a veces a ser simplista y reduccionista, además de caer ocasionalmente en el melodrama.
Pero lo más interesante en la tercera película de la palestino-estadounidense Cherien Dabis (“Amreeka”) no es su aspecto militante ni la división que pueda hacer entre ‘malos’ y ‘buenos’, sino el giro profundamente humanista que se produce cerca del final, y que parece insinuar que, a fin de cuentas, lo único que podría solucionar todo esto es la capacidad de tener compasión.









