2026-01-31 13:53:00
André Citroën fue un enorme ingeniero que siempre tuvo un sueño: que sus coches, además de buenos, que lo eran, se vendieran muchísimo y llegaran a todo tipo de conductores, no solo a los más enriquecidos. Y lo consiguió. Desde 1919 en el que lanzó su primer vehículo y durante varias décadas, los Citroën no solo eran considerados automóviles excelentes sino que seducían. Y esto era porque su creador también fue un visionario en el márketing bonito.
Una de sus claves fue el Garage Citroën construido entre 1933 y 1934 en un antiguo solar de Bruselas que había sido ocupado anteriormente como un pequeño parque de atracciones (1912-1920). Se creó como taller, pero también como concesionario (lo que no era nada frecuente en aquellos años). Lo diseñaron los arquitectos Alexis Dumont, Marel Van Goethem y Maurice Jacques Ravazé, quienes lo convirtieron en un complejo modernista de vidrio, acero y hormigón. Su sala de exposición de los automóviles curvada y cuyas paredes eran un ventanal gigante (más de 20 metros de alto) se convirtió pronto en una de las grandes enseñas de la ciudad. Todo el mundo que pasara por aquel bulevar podría disfrutar de aquellos vehículos sin bajarse de su propio coche. Eran 40.000 metros cuadrados de puro diseño en una época en la que la industria del automóvil era, valga la redundancia, uno de los grandes motores de la Europa industrializada. Maquinaria y seducción. Excepto el paréntesis del periodo nazi (los alemanes la utilizaron para armamento), desde los cincuenta hasta hace catorce once años fue un emblema. Pero los tiempos cambian. Y en la industria europea… muchísimo.
En 2012, Garage Citröen dejó de funcionar como taller aunque mantuvo su sala de exposición hasta 2015 cuando todo el complejo fue finalmente comprado a PSA Peugeot Citroën por la Región de Bruselas-Capital por 20,5 millones de euros. Pasaba así a ser un edificio público. Las autoridades bruselenses decidieron transformarlo en un museo de arte contemporáneo y en 2017, tras llegar a un acuerdo de colaboración con la organización privada Centre Pompidou de París hasta 2031 -la Región paga dos millones de euros al año al museo francés- se creó la Fundación KANAL-Centre Pompidou para su gestión, adquisición de obras y coproducción de exposiciones (con material del centro francés). Se hizo una primera preinauguración y en 2018 se sacó un concurso público internacional para transformar todo el complejo en un gran “hub cultural” que ganaron los estudios noAarchitecten (Bruselas), EM2N (Zúrich) y Sergison Bates architects (Londres) -compusieron Atelier Kanal- con el proyecto A Stage for Brussels (Un escenario para Bruselas). Su coste, según han confirmado a El Confidencial, sería en total de 230 millones de euros. Y ahora ya se ha llegado a la fase final: la inauguración está prevista para el 28 de noviembre de este 2026 y las autoridades quieren convertirlo en uno de los grandes atractivos turísticos.
Habrá instalaciones, piezas contemporáneas, conciertos, performers, festival de cine, tiendas, un playground, un restaurante y una gran terraza
Porque será el museo contemporáneo más grande de Europa, tal y como han asegurado a este periódico sus arquitectos. Y porque será más que un museo, señalan. En realidad, todo el espacio de la antigua fábrica serán ahora tres elementos: las oficinas y el auditorio, un archivo de arquitectura y el museo de arte moderno. Tendrá seis entradas y en sus cinco plantas (con una parte subterránea de siete metros de altura) habrá exposiciones clásicas -con material del Pompidou-, pero también instalaciones, piezas contemporáneas, actividades educativas, festival de cine, tiendas, un playground, un restaurante y una gran terraza (el rooftop) con vistas a la ciudad que servirá como bar, pero al cual podrás acceder de forma gratuita e incluso llevar tu propia comida. De lavadero de coches y concesionario a servicios culturales y turismo: así es cómo están cambiando las grandes ciudades europeas. Así es cómo está cambiando el mundo.
Cambio de mentalidad
“Desde luego hay un cambio de mentalidad”, comenta a El Confidencial Stephen Bates, uno de los arquitectos que participan en el proyecto, con respecto a la transformación de estos viejos edificios industriales europeos en la que se está apostando con ingentes cantidades económicas. Porque si bien era algo que lleva décadas sucediendo con proyectos más pequeños (lo de las viejas fábricas convertidas en centros artísticos ya lo vimos hace mucho en Berlín), ahora es un planteamiento de ciudad -económico- y a lo grande. Precisamente, Bates se muestra muy orgulloso porque este es el proyecto más grande e importante en el que ha trabajado nunca. También porque, sostiene, el nuevo museo ofrecerá “muchas actividades y espacios públicos, sin coste para la gente” como el acceso a la terraza. Y porque será una especie de centro multidisciplinar en el que te podrás encontrar con una exposición de moda, un festival de cine y un concierto de hip hop casi al mismo tiempo. También porque el propio proyecto ha supuesto un reto para los arquitectos: “Esto era una fábrica que no estaba diseñada para la gente porque este tipo de edificios no lo estaban, y lo que hemos tratado es de cambiar todo eso”, puntualiza.
Cuando se entra ahora en este antiguo e histórico taller todavía es difícil entrever en qué se convertirá. Está todo en obras (como lo está también el exterior). Se ve a los obreros trabajar de aquí para allá. Hay multitud de containers. Cascos, chalecos fluorescentes. Un gigante corredor da idea de lo que era el taller con diversas rampas que se transformarán también en escalones. Se mantienen estructuras -los ventanales y techos de cristal intocables: el diseño original buscaba que la luz del día fuera importante en el taller-, pero otros aspectos se han modificado completamente como las pinturas, tal y como nos cuenta Bates desde lo que eran los antiguos lavaderos y que ahora es un gran espacio diáfano. “Hemos quitado toda la pintura, pero sí estarán presentes todas las pinturas que ha tenido la fábrica a lo largo de su historia”, añade. Es una constante conjugación entre lo viejo y lo nuevo.
Después de recorrer lo que será en su momento el auditorio, subir a lo que será el restaurante y acceder a una terraza desde la que se podría observar el famoso helipuerto donde aterrizaron los Rolling Stones en 1966 -hoy ya no existe- llegamos a la joya de la corona: la sala de exposición con ese diseño modernista que tanto caló en la ciudad y que en su día tuvo hasta un suelo de mármol. Así se trataba a los coches. La sala, cuyo techo está a 24 metros de altura, se mantendrá tal cual y allí se podrán ver instalaciones, performers y conciertos. Y las antiguas plataformas -se añadieron para que los coches se vieran en distintas alturas desde el scalextric que se construyó fuera- se utilizarán para otros servicios como el restaurante. Una sorpresa será el sótano que también se usará para encuentros artísticos. En total, como señala Bates, un 26% de todo el edificio -tres de las cinco plantas- estarán destinadas a exposiciones. Pero, como insiste, Bates, será algo más. Ahí van unos datos: estará abierto seis días a la semana hasta la medianoche y cerrará los martes para que la gente que viene el fin de semana pueda aprovechar el lunes. Bien pensado. “Este es el proyecto de mi vida y es, además, un proyecto de ciudad”, ratifica.
Colonialismo, feminismo, migración
La inauguración del edificio contará con diez exposiciones, según detalla Yves Goldstein, director general de la Fundación KANAL-Centre Pompidou. Son diez propuestas que también señalan el camino por que él se quiere ir (y que es el que están siguiendo los centros de arte contemporáneo occidentales): crítica al colonialismo y al racismo -sobre lo cual Bélgica tiene su propia historia-, feminismo, migración… “Bruselas es una de las ciudades más diversas del mundo, aquí más del 50% de la población habla varias lenguas. Y creemos que en el momento actual que vivimos, el mundo político debería inspirarse en un proyecto como este. Queremos que sea un lugar para la escucha, para hablar con el otro, y también será un espacio para artistas locales. Queremos hablar de la diversidad y de los retos del futuro”, añade Goldstein, que quiere que este museo se convierta en “la gran flagship cultural de Bruselas”.
Yves Goldstein, director de Kanal: “Creemos que en el momento actual, el mundo político debería inspirarse en un proyecto como este”
En este sentido, su muestra estrella para dar comienzo a su andadura será An infinite Woman, comisariada por Sandrine Colard sobre la reimaginación de una mujer Mangbetu que en 1925 se convirtió en la imagen viral de una expedición colonial automovilística patrocinada por Citroën (se trataba de cruzar África de norte a sur, más de 20.000 km, para demostrar la fiabilidad de sus vehículos). Cuando la expedición pasaba por el Congo dos fotógrafos inmortalizaron a una mujer que enseguida fascinó por su peinado y sus formas. Y se convirtió en un icono que aparecía en adornos para el coche, en sujetalibros, en joyas, en ropa… Citröen la designó la imagen de su “crucero negro” (así se llamaba también la expedición, así eran los tiempos). Era la imagen que los hombres blancos europeos dieron de África durante décadas… No obstante, hace ya un tiempo todo esto tiene una mirada mucho más crítica y se ve como una herramienta de propaganda colonial. Esta muestra insiste en ello con otro tipo de recreaciones de esta mujer elaboradas por artistas contemporáneos.
Por otro lado, la gran exposición en coproducción con el Centre Pompidou y para la que el museo francés, ahora en obras de remodelación, enviará parte de su colección será A truly inmense journey, más de 350 obras desde inicios del siglo XX hasta la actualidad. Ahí habrá Picasso, Matisse, Giacometti, Wilfredo Lam o Natalia Goncharova, entre otros, con obras que examinan cómo muchísimas personas han sido desplazadas de sus lugares por razones políticas, sociales o climáticas. El título procede del cuento de Kafka, La partida.
Con este tipo de apuestas y este tipo de proyecto de hub cultural, Bruselas parece pretender jugar la partida del arte y la cultura como llamamiento turístico y, a la vez, de regeneración de la ciudad, que lleva décadas intentando desactivar la criticada Bruselización, un movimiento de especulación urbanística que destrozó el centro ya en los años 60 y 70 con la destrucción de edificios históricos para la construcción de insulsos edificios de servicios (oficinas, hoteles, centros comerciales). Es cierto que ahora acaban de cerrar dos centros de arte contemporáneo -uno de ellos, el Centrale, por falta de presupuesto, según el ayuntamiento-, pero ahora los esfuerzos son claros: la gran bandera del Gobierno regional es el KANAL-Centro Pompidou.
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