Record Sick Leave Exceeds One Million, Impacting Private Sector Significantly

2026-01-28 07:01:00

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) muestran que España rompió a cierre de 2025 el umbral del millón de trabajadores que faltaron a su puesto de trabajo por enfermedad. Fueron 1,04 millones en el cuarto trimestre, de los que 105.400 eran autónomos y 937.500 asalariados. Pero este récord no se explica simplemente porque haya más personas trabajando: la incidencia de estas ausencias también es mayor, especialmente entre los asalariados del sector privado, que han llegado a 753.200 ausentes, el 4,9% del total de ocupados. Esta evolución muestra un claro cambio de paradigma en el mercado laboral en el que cada vez más empresas ven una amenaza a su viabilidad.

La EPA ofrece una estimación de los ocupados que no estaban trabajando en la “semana de referencia” (el momento en el que realizaron la encuesta), clasificados según el motivo para ello. La lista incluye las vacaciones, lo cual distorsiona estacionalmente las cifras, pero, descontando estas, la clasificación nos deja los permisos por paternidad, los paros de actividad empresarial, las regulaciones de empleo y otros motivos. La incapacidad temporal supone el 48% del total de ausencias, pero el 81% después de restar las libranzas y descansos: en ambos casos son los porcentajes más altos para un cierre de año.

Aunque lo más llamativo es que el mayor incremento de las ausencias por enfermedad se concentra en los asalariados del sector privado. Han pasado de suponer el 66% en 2019 al 72% a cierre de 2025, otro máximo histórico. Un incremento que puede explicarse por la fortaleza de la creación de empleo, pero que también supone un lastre cada vez mayor en términos de costes para las empresas, tanto por los salarios a esos trabajadores como por su menor capacidad productiva. El coste, según algunas estimaciones, puede rondar el 10% del PIB en algunas comunidades.

Cuando se habla de ‘absentismo‘ en el debate económico y laboral, en realidad, estamos hablando del impacto de los procesos por incapacidad temporal, las ausencias más numerosas y costosas para las empresas. Y aunque el problema no es nuevo y ha llevado a varias reformas legales en los últimos quince años, hoy parece cobrar más intensidad que nunca. Pero la razón no es, simplemente, el número de trabajadores que faltan a su puesto..

La clave es que la incidencia en el sector privado, como decimos, cerró 2025 en el 4,9%, cuando en el mismo mes de 2019 era del 2,8%. En el sector privado, el incremento ha sido más modesto, pasando de 3,7% al 5,1%, aunque en este caso no es un máximo histórico: en el arranque de 2022, coincidiendo con el repunte de la crisis de la COVID por la variante ómicron se alcanzó el 5,9%.

Comparado con otras cifras que se esgrimen en el debate, un incremento de dos puntos y una décima parece poca cosa, pero refleja un “cambio de paradigma” que está dejando descolocadas a muchas empresas y que también rompe uno de los grandes mitos sobre el absentismo: que es mayor en el sector público que en el privado. Ya no es así.

Tópicos públicos y privados

Un análisis de la serie histórica refleja que la incidencia de las ausencias por enfermedad o accidente es mucho más volátil entre los trabajadores públicos que entre los del sector privado, lo que puede achacarse a la mayor tasa de temporalidad y estacionalidad. Pero también ha servido para avalar la sospecha de que aquellos con los empleos “blindados” como los funcionarios, son más propensos no solo a coger más bajas, sino a prolongarlas en el tiempo (lo que redunda en la contratación de eventuales e interinos para cubrir esos huecos).

Esta conclusión parece verse reforzada por la comparación con el comportamiento de las ausencias en el sector privado: no solo la tasa es menor, sino que su evolución es mucho menos volátil. Esto se suele explicar por la mayor inestabilidad de estos empleos, que hace que muchos trabajadores se lo piensen antes de faltar al trabajo por enfermedad.

En los primeros años de la serie histórica, que arranca en 2008, se aprecia un descenso en la tasa de ausencias tanto de trabajadores públicos como privados debido, lógicamente, a la crisis financiera, pero también a los recortes presupuestarios, lo que hizo que en el momento álgido de la Gran Recesión, 2012, las tasas de ambos colectivos se equipararan en el 1,8%. Es decir, cuando la economía va mal, el “absentismo” por IT se frena.

La recuperación tuvo el efecto inverso: la tasa de ocupados ausentes por enfermedad creció tanto en el empleo público como en el privado, pero la brecha entre ambos empezó a ampliarse. Sin embargo, se aprecia un fenómeno extraño: para finales de 2019 el sector público tenía la misma tasa de ausencias que en 2008, pero el privado la superaba. Con la pandemia, los datos se dispararon.

Pero lo más llamativo es que no revertieron cuando acabó las crisis, ni en el número de ausentes, ni en la tasa sobre el total. Lo cual resulta difícil de explicar. Se han aventurado hipótesis de todo tipo, desde el mayor peso de la contratación indefinida, la ampliación de los supuestos de nulidad de despido, el envejecimiento de los trabajadores o incluso la ‘actitud’ de los jóvenes que se incorporan al mercado laboral.

Pero lo que está claro es que el sistema de gestión y control de las bajas es parte del problema. Los retrasos en los tratamientos y diagnósticos alargan innecesariamente los procesos y no solo complican las cosas para las empresas, sino para los trabajadores. En este escenario, el debate sigue abierto y muchas propuestas se han puesto sobre la mesa. Pero, a día de hoy, la falta de un gran acuerdo político y en el diálogo social sigue enquistando un problema que, como vemos, crece con cada año que pasa.

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